Aug 31, 2010

¿A la escuela se va para estudiar y no para hacer política? Episodio 1: Una concepción de lo educativo para una democracia deficitaria y otra para una democracia deliberativa

"Hay dos invenciones humanas que debemos considerar que presentan más dificultades que cualquier otra: el arte de gobernar y el arte de educar; y las personas aún discuten sobre su auténtico sentido".
Immanuel Kant



Algunas palabras preliminares

Como bien lo expresa la cita de Inmanuel Kant, en su libro Pedagogía, que tanto las cuestiones de gobierno y políticas así como la educación presentan en sí amplios problemas; imagínense cuando se tratan temas de ambos campos que se entrecruzan. Es en está dirección a donde apunta el escrito donde se intentará valorar la esencial relación entre estas dos disciplinas.

En el texto se parte de la premisa fundamental que niega la existencia de una educación neutral; en virtud de que la educación es, entre otras cosas, uno de los medios más importantes y efectivos de control social vinculados estrechamente con las políticas y las formas de ser del Estado. 

No en vano Durkheim afirmaba que "toda educación consiste en un esfuerzo continuo para imponer al niño los modos de ver, sentir y obrar que él no hubiera adquirido espontáneamente... es que la educación tiene cabalmente por objeto hacer al ser social" (Durkheim, Emilé. Las Reglas del Método Sociológico, Argentina: Ediciones Del Libertador. 2003. Pág. 39). De esta forma las escuelas, como unos de las principales instituciones educativas, cumplen una labor socializadora que responde a políticas estatales. La política y la educación siempre fueron de la mano. Ya en los tiempos de Don José de San Martín se apreciaba aquélla idea:

"Convencido sin duda el gobierno español de que la ignorancia es la columna más firme del despotismo, puso las más fuertes trabas a la ilustración del americanos, manteniendo su pensamiento encadenado para impedir que adquiriese el conocimiento de su dignidad. Semejante sistema era muy adecuado a su política; pero los gobiernos libres, que se han erigido sobre las ruinas de la tiranía, deben adoptar otro enteramente distinto, dejando seguir a los hombres y a los pueblos su natural impulso hacia la perfectibilidad." ("Decreto del Protector de la Libertad del Perú, José de San Martín, estableciendo la Biblioteca Nacional de Lima, Lima, 25 de agosto de 1821", en Biblioteca de Mayo, tomo XVII, segunda parte, Buenos Aires, Senado de la Nación, 1963.)

El debate

En numerosas declaraciones y en debates sobre la cuestión de la toma de las escuelas en la Ciudad de Buenos Aires, en razón de que se logre mejorar el estado calamitoso de las instalaciones y la cantidad-calidad de las viandas para los estudiantes. No faltan quienes con ahínco y como si fuese una proposición apodíctica proclaman que: "a la escuela se va para estudiar y no para hacer política." 

Sobre aquélla frase, de amplio uso por parte de un sector de la población, quisiera reflexionar. En primer lugar sobre aquella concepción educativa que “excluye lo político” y que conlleva a una democracia deficitaria. Luego vislumbrar una concepción desde una democracia deliberativa que reconozca lo político como algo intrínseco a lo educativo. Por último realizar una sucinta conclusión.

Una educación para una democracia deficitaria

El ideal de una educación que excluya lo político de las aulas es justamente el objetivo, que de acuerdo al abogado y pedagogo Paulo Freire, tiene la llamada "educación bancaria"; en la que el conocimiento es simplemente una donación graciosa del educador a al educando. Se trata de un proceso unidireccional de docente a alumno. 

En lo que refiere a una perspectiva antropológica el único sujeto del aprendizaje es el educador relegando a simple condición de objeto al estudiante. En donde el primero es quien vierte los conocimientos en el segundo; el cual debe estudiarlos, por lo general de una manera memorística.

Su pedagogía está marcada por un relato sonoro y su principal recurso pedagógico es el dictado. En este sentido Freire sostiene que: “una de las características de esta educación disertadora es la sonoridad de la palabra y no su fuerza transformadora…La narración cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado.” Freire, Paulo. Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI. 2002. Pág. 78).

Los contenidos son simples retazos ajenos a las realidades y problemáticas de la sociedad en que la que se hayan inmerso los estudiantes. Es una concepción que aliena y niega la relación ser humano-en-el-mundo y ser humano-ser humano; Proscribe la vocación y la conciencia de historicidad de los estudiantes; matando el pensamiento crítico y creativo.

Esta educación niega categóricamente lo político dentro de las escuelas; realizando una dolorosa escisión entre los saberes y los asuntos de la sociedad actual; siendo funcional al statu quo imperante. De esta forma este tipo de educación propicia, entre otras, un futuro ciudadano que percibe los acontecimientos sociales-económicos y culturales como ajenos; deviniendo en una apatía y una falta de interés por la cuestión de la res-pública.

Es por esto, que en última instancia, esta forma de entender la educación impacta en una pauperización de la democracia, tornándola deficitaria puesto que esta se reduce netamente a un mero sistema político de tipo consumista; expoliándolo de una conciencia democrática y negándole la posibilidad de experimentar los valores que hacen un estilo de vida democrático; y a motivar la posibilidad de una generación ciudadana responsable, tolerante, activa, informada y critica.

De este modo estudiantes son formados desde un discurso alienante y dicotómico; en que la escuela habla una cosa pero hace otra; donde lo democrático es ajeno porque no es vivido como propio. Por lo cual la formación de la mayoría de los estudiantes no está pensada para el ejercicio pleno de la ciudadanía en el marco de una democracia constitucional.

En el marco de este tipo de educación la escuela no se concibe como una institución igualadora sino como una institución diferenciadora en la cual se reconoce que sólo unos pocos están predestinados a las cuestiones de la res-pública; en donde el resto su fortuna se encuentra echada a una vida funcional al sistema del statu quo. De modo tal que la escuela desde una educación bancarizada menoscaba la posibilidad de una mayor democratización de las instituciones y del quehacer político del país. 

Un autor español realiza una interesante crítica sobre las paradojas que se suceden con la cuestión de la escuela:

• Es una institución que tiene el deber de educar (hacer critico al individuo) y a al vez socializar (transmitir las pautas de comportamiento culturales)
• Es una institución aparentemente neutral que esconde una profunda disputa ideológica.
• Es una institución que pretende educar en valores mientras que su currículo oculto los niega.
• Es una institución cargada de imposiciones que pretende educar para la participación.
• Es una institución de reclutamiento forzoso que pretende educar para la libertad.
• Es una institución jerárquica que pretende educar para la democracia.
• Es una institución heterónoma que pretende educar para la autonomía.
• Es una institución epistemológicamente jerárquica que pretende educar para el espíritu crítico.
• Es una institución que busca la diversidad pero que forma para competencias culturales comunes. (Santos Guerra, Miguel Angel. Arte y Parte: desarrollar la democracia en la escuela. Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2003. Pág. 15)

Concuerdo con el señalamiento de muchas de estas paradojas; pero disiento en aquella que se refiere al tema del reclutamiento forzoso; por cuanto, en primer lugar el principio de la autonomía va de la mano de la cuestión biológica, ya que para poder empezar a diseñar el plan de vida requiere cierta capacidad cognitiva. En segundo término la escuela perdería su misión de ser una institución igualadora perpetuando a generaciones a la marginalidad.

Es por estas razones y otras -que el espacio y el fin de este escrito no me permiten desarrollarlas- considero que este tipo de educación ahoga lo democrático en su sentido más pleno; es por eso que se debe bregar por una educación re-diseñada desde los principios y valores de una democracia deliberativa.

Una educación para una democracia deliberativa que reconoce lo político como propio.

Las precondiciones de una democracia deliberativa

Antes de señalar algunas de las características de este tipo de educación es importante precisar cuales son los principios que actúan como precondición para desarrollar una democracia deliberativa. Se propone tomar como principios estructurantes de esta democracia deliberativa. Los señalados por el Dr. Carlos Santiago Nino. Este autor sostiene que hay tres presupuestos básicos de la sociedad democrática. El primero es el principio de la inviolabilidad de la persona humana

“Este principio proscribe que el Estado debe permanecer neutral respecto de los planes de vida individuales e ideales de excelencia humana, limitándose a diseñar instituciones y adoptar medidas para facilitar la persecución individual de esos planes de vida y la satisfacción de los ideales de excelencia que cada uno sustente, y para impedir la interferencia mutua en el curso de tal persecución." (Nino, Carlos Santiago. Introducción al Análisis del Derecho, (2da edición) Buenos Aires: Editorial Astrea. 1993. Pág. 420.)

El segundo principio valorativo que debe tener en cuenta la epistemología de una educación para una democracia deliberativa es el Principio de la autonomía de la persona humana “se infiere directamente el derecho de realizar cualquier conducta que no perjudique los intereses de terceros (que está consagrado en el art. 19 de nuestra Constitución Nacional) e indirectamente los derechos que son instrumentales para la elección y la ejecución de planes personales de vida: de conciencia y de expresión, de asociación, de trabajo, de movimiento y elección de residencia, de acceso a la educación, de disposición y control individual sobre los bienes económicos que son necesarios para elegir y desarrollar tales planes de vida (varios de estos derechos están consagrados en los arts. 14, 14 bis y 17 de la Constitución Nacional)". (Nino, Carlos Santiago. Introducción al Análisis del Derecho, (2da edición) Buenos Aires: Editorial Astrea. 1993. Pág. 421.)

El último principio que se debe considerar es el de la dignidad de la persona humanas; el cual establece que “las personas deben ser juzgadas y tratadas, para ciertos fines, sobre la base exclusiva de sus acciones voluntarias y no según otras propiedades y circunstancias, como ser su raza, su sexo, sus particularidades físicas y procesos fisiológicos, su pertenencia a cierta clase social, la profesión de ciertas creencias (considerando que éstas no se adquieren y se abandonan voluntariamente), etcétera."

Una concepción educativa para una democracia deliberativa

Estos tres principios axiológicos son las precondiciones para el desarrollo de una democracia intrínsecamente dialógica. Ahora bien si incorporamos estos tres principios de carácter axiológico al quehacer epistémico de lo educativo la sinergia producida deriva en una educación problematizadora que genera las condiciones de posibilidad para desarrollar un aprendizaje creativo, contextual y eminentemente deliberativo y político. Que redime las relaciones ser humano-en-el-mundo y ser humano-ser humano. En los siguiente párrafos se describiran algunas de las caracterísitcas de esta concepción educativa.

En este punto el pedagogo español Santos Guerra señala algunas de las características, sostiene que la escuela democrática se basa: “1. Dialogo permanente entre todas las personas y estamentos, entre la autoridad y los miembros de la comunidad educativa. 2. Debate abierto sobre las cuestiones importantes, no sólo sobre las intrascendentes. 3. Capacidad de crítica respecto de las formas de actuar, de las normas que se imponen, de las relaciones que se establecen, de los conflictos que se generan. 4. Intervención en las decisiones, tanto a través de los órganos de participación colegiada como a través de las opiniones y de las actuaciones en la vida cotidiana. 5. Control de las decisiones una vez que se ha llegado al acuerdo o a la aprobación mayoritaria. La democracia no se agota en la decisión sino que se continúa en la acción consiguiente. 6. Libertad de expresión que no sólo tiene que ejercitar el profesor sino también los alumnos. 7. Tolerancia radical respecto a las formas de pensar de las personas y de la manera de interpretar la cultura”. (Santos Guerra, Miguel Ángel. Arte y Parte: desarrollar la democracia en la escuela. Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2003. Pág. 16, lo resaltado en negrita es mío)

Por su parte el Profesor en Educación Internacional Clive Harber complemneta que: “Existen importantes valores en cuanto a la forma de actuar, que sustentan la democracia y que la educación debe promover y difundir, como la tolerancia de las diferencias, el respeto mutuo entre individuos y grupos, la consideración de la realidad a la hora de formarse una opinión, la disposición a cambiar de parecer teniendo en cuenta estas realidades y el reconocimiento de que todos tienen los mismos derechos sociales y políticos como seres humanos” (http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001112/111227so.pdf)

De este modo el dialogo, el debate, la capacidad critica y la posibilidad de cambiar de opinión; así como la intervención y control de las decisiones, la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto mutuo son algunas de características de una educación pensada para una democracia deliberativa.

Esta concepción debe impregnar al sistema educativo y a la escuela en su totalidad (liturgias escolares, formas de organización, pedagogías y la relación entre la comunidad y la institución, etcétera) a fin de no emular el rostro de Jano, que termina por alienar a sus principales actores.

En educación pensada para una democracia deliberativa los contenidos ya no son dados en una relación sujeto (educador) objeto (educando) sino que todo lo contrario pasar a ser un proceso intersubjetivo-dialógico-contextual; en el cual el proceso gnoseológico del aprendizaje incorpora al docente, al estudiante, al contexto y la historia. Ya no hay una absolutización de la ignorancia por parte del educador sino que el también es un sujeto que aprehende.

Los dispositivos curriculares y pedagógicos, las liturgias escolares, la organización intra-institucional y trans-insitucional no son ajenos a las realidades. Los que se aprende y aprehende es a leer y releer las realidades. El principal método pedagógico es la deliberación racional; propio de una democracia deliberativa. Allí no hay cabida para argumentos que comulgan con el principio de autoridad.

Por último una de las características es que busca desarrollar en este tipo de educación es que lo democrático no sea simplemente un objeto de estudio como sistema pétreo y ajeno sino que sea vivido y ejercitado desde la escuela como estilo de vida. Santos Guerra en su libro Arte y Parte sostiene que "La democracia es un estilo de vida, no es un simple sistema de libertades formales. Por eso, en la escuela deberíamos encontrar el modo de ejercitar la democracia, de desarrollar los valores, de practicar los deberes de la convivencia. Aprender a pensar. Aprender a convivir". (Santos Guerra, Miguel Ángel. Arte y Parte: desarrollar la democracia en la escuela. Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2003. Pág. 15)

Conclusión

A la hesitación de la frase "a la escuela se va para estudiar y no para hacer política". Se debe responder que la educación y la política están intrínsecamente relacionadas. El punto gira entorno a si la educación exterioriza y problematiza lo político. 

La negación o el reconocimiento de lo político influye decididamente en los aspectos antropológico, pedagógicos, sociales, etcétera que deviene en un impacto en la organización sociopolítica de un país. Una educación que niega a través de sus prácticas lo democrático; conlleva a desarrollar un “soberano” frágil en donde el discurso de referente a la democracia le es extraño y ajeno.

Es ahí donde se considera que una educación rediseñada desde una teoría normativa de la democracia deliberativa; no sólo potencia y robustece lo democrático desde las bases mismas de la sociedad; fomentando una ciudadanía con conciencia y vivencia democrática; Acaeciendo en una educación por y para una democracia deliberativa. Sino que se transforma también en una fuerza plenificadora del ser humano; en donde se restaura las relaciones ser humano-en-el-mundo y ser humano-ser humano.


Julito

2 comments:

  1. Felicitaciones, Julio!
    Marcelo Alegre

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  2. Muy interesante tu posteo, me gusto mucho
    en realidad entré aquí buscando datos relacionados con residencias universitarias en capital federal... alguna idea ya que estamos?
    pero bueno, me enganché leyendo lo que publicaste y quería comentar ya que estamos

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